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EL FERROCARRIL NO SE ARREGLA A TROZOS Durante años nos han inducido a concebir el ferrocarril como compartimentos estancos, como si cada empresa fuera un mundo aparte y cada plantilla caminara por vías distintas. Decisiones políticas nos han separado en numerosas empresas sobre el papel, pero nunca en la realidad del trabajo diario. Porque quienes trabajamos en el ferrocarril seguimos compartiendo problemas, riesgos y consecuencias, aunque se haya querido fragmentar lo que siempre ha sido un sistema único.
A pesar de ello, cuando hay un conflicto las plantillas piden unidad. Una unidad que no se improvisa ni se decreta, sino que se construye con una mirada amplia, colectiva y valiente, que abarque a todas las empresas que constituyen el sector ferroviario. Una unidad que no puede limitarse a acuerdos por empresas ni a soluciones parciales que solo abordan una parte del problema.
Pese al rechazo del SFF-CGT, la mayoría del CGE (CCOO, UGT y SCF) alcanzó un acuerdo con Adif para posponer sus convocatorias de huelga los días 9, 10 y 11 de febrero que, por sí solo, no aborda las causas profundas del deterioro que vivimos. ADIF, como eje del sistema ferroviario, junto con el resto de actores del sector, debe asumir su responsabilidad en un cambio real del modelo. Y ese cambio solo puede construirse desde un acuerdo global y efectivo, que dé respuesta a los problemas estructurales del ferrocarril.
Porque ya no valen promesas sin propuestas contrastables. De nada sirve anunciar incrementos de plantilla si después es Hacienda quien decide si se autorizan, ni prometer la internalización de cargas de trabajo sin saber cuántas personas se incorporarán realmente. Los incumplimientos reiterados —como los del acuerdo de las 35 horas, que en muchos centros sigue sin aplicarse y en otros se ha traducido, paradójicamente, en un aumento de las horas extraordinarias— o la financiación eternamente pendiente de la ordenación profesional demuestran que el cambio real exige algo más. Exige la participación y la corresponsabilidad de todos los actores implicados: ministerios, AESF, y el conjunto de empresas del sector. Porque todas y todos formamos parte de un mismo sistema que funciona —o se degrada— de manera conjunta.
Por eso, la situación del ferrocarril exige respuestas colectivas. No se trata de apagar conflictos puntuales, sino de afrontar un problema que afecta a todo el sector y que solo puede resolverse desde la unidad de las plantillas y un cambio profundo en la forma de gestionar un servicio prestado a la ciudadanía.
SFF-CGT. POR EL FUTURO DEL FERROCARRIL
 COMUNICADO Anexo Anexo 2
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